Mea Culpa: La primera exposición de criptoarte en Guatemala
En 2021, cinco artistas guatemaltecos construyeron desde cero la primera exposición de criptoarte del país: “Mea Culpa”. Entre realidad virtual, realidad aumentada y un templo digital bautizado “TecnoChurch”, la muestra convirtió la culpa en un ritual propio. Este es el archivo completo de esa noche en La Antigua Guatemala.
CRIPTOARTEGUATEMALA
G1ft3d
10/9/20265 min read
Por Gustavo Fajardo (G1ft3d)
Hace seis años el mundo entero estaba descubriendo qué era un NFT al mismo tiempo. No había manual, no había ventaja de quien llegó primero — todos estábamos aprendiendo en tiempo real, yo incluido; me habían hablado antes para que hiciera obras cripto, pero no me animaba, lo sentía extraño.
Un día del año 2021, Jacobo Castañeda me agregó a un grupo donde ya estaban él y otros tres artistas: Diego Robles, Zapato Verde y NajarroX. Entre reuniones, dudas y una curiosidad casi de proyecto de universidad por una tecnología que recién empezaba a existir, decidimos que éramos un colectivo. Lo llamamos “Ult1m0 Crypto Art” y lo lanzamos en marzo de ese mismo año.
El 30 de marzo vendimos nuestro primer NFT: “60d - Converted,” de mi serie “Gifs/Glitches 2010s,” comprado por MaxCapacity por 0.04875 ETH. No fui solo yo — después llegaron las ventas de los demás, y con cada una el colectivo iba ganando una identidad propia, una voz compartida. No estábamos replicando nada de afuera. Estábamos evolucionando al mismo ritmo que el resto del mundo.
Esa ruta y sintonía nos llevó a pensar mucho y crear “Mea Culpa”. Fueron muchos días, a veces de risas y a veces intensos, para decidir cómo íbamos a crear esta exposición. Realmente me inspiró ver el trabajo en equipo y cómo se logró tener todo listo para lanzar la expo, hasta que el 2 de julio de 2021, en la galería del Mesón Panza Verde, en La Antigua Guatemala, presentamos la primera exposición de criptoarte en Guatemala y Centroamérica. La producción se coordinó con la galería, entonces a cargo de Sarah Alix. La cobertura llegó de Agenda Cultural Guatemala y Revista Capiusa.
Éramos cinco artistas con cinco obras y un mismo punto de partida: la culpa como mecanismo de control — tecnológico, religioso, social, económico — y cómo cada uno de nosotros negocia con ella. Aparte de eso, la lanzamos en la mismísima Antigua Guatemala. No pudimos pedir mejor sede para cuestionar y hablar de este tema.
TecnoChurch
Como no me gusta ir a la iglesia, hice una a la que sí iría. La llamé “TecnoChurch”: era el templo digital del error y la imperfección que reunía las cinco obras de la muestra bajo un mismo espacio, navegable en VR. Dentro de ese entorno convivían “Dios Gigante,” “Máscaras,” “Mammon,” “BeautyGlitch” y “Forgive Me Father For I Have Glitched” — cada una, una estación de ese templo.
El dossier original de la muestra abría con esto:
“La experiencia con la que está a punto de comulgar es altamente virtual. Irreal y digital. Un espacio que solo existe en la realidad alterna. Sin pecado original. Mea Culpa es una exploración a los nuevos verdugos y depredadores sociales, aquellos que incitan el autocastigo, la culpa, la autocensura, la castración de virtudes. La autodefensa del sistema contra los que van contra el statu quo, con sus máscaras de religión, máscaras políticas, máscaras publicitarias, máscaras de entretenimiento. La necesidad sintética de hacer caridad. Patológicamente un martirio.”
Entrar no era gratis. Tenía sus propios “Terms and Conditions,” así, literalmente escritos en el dossier:
“Terms and Conditions”
Términos y acuerdos para ingresar:
Este es un ambiente sacro y virtual, por lo que usted accede a compartir su esencia avatar al momento de ingresar.
No ingrese al room virtual si es propenso a epilepsia.
En los links (QR) usted ingresa a los filtros en la página de Instagram del colectivo Último. Se recomienda no exceder su vanidad.
Se consagra el ingreso a la realidad virtual Mea Culpa con un trago de vino.
Una sola experiencia por persona a la vez.
Nunca debes dar la espalda a la proyección del altar.
Inicias tu cola hacia el altar.
Al llegar tu turno, podrás utilizar el VR bajo las debidas normas de bioseguridad COVID-19.
Una experiencia por persona, tres minutos.
Cada una de las experiencias será proyectada a la pared del fondo del recinto, en forma circular, hacia el rostro del DJ (Baiolux).
Al retirarte del altar no podrás darle la espalda: deberás retirarte observando y agradecido por lo que acabas de presenciar. ¡Gloria al Crypto!
No fue una muestra de arte con tecnología de fondo. Fue una liturgia completa, con su propio altar, su propio sacramento y su propia cola de fieles esperando el turno.
Las obras
Diego Robles (@icarosdie) — Máscaras
“La obra habla del monstruo corporativo que enfrentamos día a día al encender el celular; este monstruo corporativo se disfraza con máscaras y filtros, busca extraer tus datos, extraer emociones y fomentar tu consumo. Ver al diablo a la cara es el primer paso; el segundo es enfrentarlo.”
NajarroX (@najarrox) — Tu Propio Dios
“La culpa programada es un método de control. Solo somos seres con derecho a ser libres y obligados a ser responsables de esa libertad. No le debemos a ningún dios más que al que vive dentro de nosotros.”
Obra: “Dios Gigante” — experiencia VR, poster (formato A1, técnica digital) y filtro AR.
Zapato Verde (@zapatoverde) — Todo es Vanidad
“La pieza de vanitas es una obra inspirada en la banalidad del entretenimiento. Según la teología cristiana, la vanidad consiste en depositar la confianza en las cosas mundanas, lo que hace que el ser humano no necesite de un Dios. Una forma de rechazar la parte espiritual de la realidad para enfocarse solo en lo atractivo de la figura material. Por ende, alguien que desconoce la esencia de la cosa podría ser indiferente a su propia esencia interior, si consideramos que somos lo que hacemos. La vanidad es hermosa y vacía. Destinada a la degeneración.”
Obras: experiencia VR, video “1min15,” “BeautyGlitch,” poster (formato A2, técnica digital), filtro AR — “el cuerpo virtual sin necesidad de rostro.”
Baiolux — Mammon
“Estos precipicios se inundan de ríos de arena fina. Tan rápido como se colman, se vacían, y los cañones solo se ensanchan. Mammon, dame certezas, cristaliza el viento. Firma de oro. Insípidas las vidas que no te peinen las barbas y se bañen en sal.”
Obras: experiencia VR.
G1ft3d — Forgive Me Father For I Have Glitched
Pieza animada sobre la culpa, bajo el pensamiento: “I searched inside of me and I only found errors, and it was beautiful.”
Obras: “TecnoChurch,” experiencia VR, filtro AR “Sin nombre.”
Cómo se vivía la muestra
La experiencia combinaba obra física y digital: códigos QR distribuidos en la galería daban acceso a contenido exclusivo de realidad aumentada, visible desde el celular de cada visitante. Algunos posters de la galería eran interactivos con los filtros AR del colectivo, disponibles también desde el perfil de Instagram de Ult1m0.
Las piezas se podían adquirir de manera privada como NFT, con entrega y certificado de autenticidad vía wallet — el corazón de la muestra. Además, había versión impresa disponible para quienes preferían adquirirlas de forma tradicional: screens de la experiencia virtual, prints de los artistas, archivos de video, todo a la venta en la recepción de la galería.
Un archivo que sigue vivo
Mea Culpa fue un ejercicio de fe: cinco artistas guatemaltecos construyendo, desde cero y sin precedente local, un lenguaje propio entre lo físico, lo virtual y lo cripto.
Hoy, ese archivo —flyers, posters, dossier, cédulas de cada obra— sigue existiendo. Estoy trabajando en preservarlo y en hacer accesible la experiencia de TecnoChurch para quienes no pudieron recorrerla en 2021.
La culpa, al final, no fue el pecado. Fue el punto de partida.
























